Objetividad contra subjetividad

Llevo más de un año escribiendo reseñas de películas, series, videojuegos, libros, y demás demases, junto con el equipo de Patacoins. Es poquito tiempo, pero como todo mundo sabe, el día en que te conviertes en crítico pasa algo muy especial: Un grupo de ángeles salen de la tierra y te levantan hasta el Olimpo, en donde te quitan la ropa y dan de beber en la boca la ambrosía de los dioses, la cual hace que todas tus opiniones sean imparciales, infalibles y objetivas; Morgan Freeman te da la bienvenida al círculo, y a partir de entonces tienes pizza de Papa John’s gratis los martes y los jueves.
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­Dios­
Perdón por reventar el sarcasmómetro de todos, pero era un tanto necesario para lo que quiero hablar, y ridiculizarse a uno mismo es un buen recurso para llegar a la gente (además, me sale natural). La realidad es que Patacoins se escribe gracias a las distintas opiniones de un grupo de profesionales, y a Crisy (chiste interno). Tenemos gente en ramas del cine, fotografía, diseño, marketing, comunicación, y cada quién tiene un mundo diferente en su cabeza.

Ya nos ha pasado que salimos de ver una película con opiniones totalmente diferentes, lo cual a veces hace que llegar a un acuerdo sea difícil, con debates a capa y espada incluidos. Mi rol en el grupo es conciliar ese choque de opiniones en una reseña más o menos inteligente. Por suerte tengo un equipo que me ayuda a escribir, y usualmente terminaremos con 2 o 3 versiones de una misma idea.

Pero hay un compromiso muy claro que nos hicimos desde el primer día, y es evitar pensar en términos de si algo «me gustó o no me gustó», porque a nadie le interesa saber los gustos personales de un don pelagato y su pandilla. Ni que fuéramos un diario de adolescente: «Querido diario, hoy fui al cine y la película estuvo súper divertida, pero el imbécil de al lado se la pasó usando el celular, y el brillo me dejó ciego. Ahora tendré que escribirte en braille. xoxoxo».

No señor. En vez de decir si algo nos gustó subjetivamente, tratamos de hablar de sus aspectos técnicos y objetivos, haciendo las mismas preguntas profesionales que haría un periodista: cómo y por qué está hecho, qué dice, cómo lo dice, por qué chuchi lo dice tan mal… Ya saben… profesional. Y éste es el tema de hoy: ¿hasta qué punto podemos ser objetivos?
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­Gráfica­
Hay quienes gritan a los cuatro vientos que la objetividad no existe, pero creo que más bien se están peleando con la semántica. Pienso que en efecto podemos anular algunos aspectos nuestros como sujetos, en favor de tratar de ver a los objetos en su forma más pura. Pero venga, somos sujetos. Por ende, la lógica nos dicta que la objetividad pura no existe en nosotros.

A cada rato escuchamos que los periódicos están comprometidos con la verdad o con la objetividad, pero mi brevísima experiencia como periodista me basta para decirles que todo eso es paja. Para aquellos que eligieron carreras mejor pagadas, les cuento que existe una teoría de comunicación de masas llamada Agenda-setting, la cual dice que los medios de comunicación eligen cuándo, cómo y de qué hablar, influenciando al público de una manera muuuuy cabrona. Después de todo, la gente hablará sobre la información con la que los medios nos bombardean.

Desde luego, los mass media no son entes pensantes, con cabeza y manos que eligen las noticias. Ese trabajo lo hacen personas con gustos, creencias y vivencias muy específicas. Por eso es que nos llamamos «sujetos», porque estamos sometidos o sujetos a un montón de cosas. Los sujetos se van a comportar o hablar de determinada forma dependiendo de su nacionalidad, lenguaje, religión, sexo, edad, generación, estado civil, etc. Y si de casualidad te da diarrea en una cita romántica, puedo asegurarte que tu subjetividad sufrirá una metamorfosis fenomenal.

Me gustan las gráficas, hagamos una gráfica:
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­­Luffy­
En este ejemplo, el hermoso picnic representa al mundo. Los pelaos que manejan la información miran al mundo, pero deciden hablar en específico sobre las papitas (de forma muy emotiva). Ya que la audiencia únicamente escucha hablar sobre papitas, decide crear una religión fundamentalista llamada Patataísmo, que se dedica a exterminar a los infieles que adoran a otros tubérculos. O por lo menos, esa es mi interpretación personal de la gráfica.

Otra interpretación podría ser que la audiencia ya adoraba a la Patata Suprema, y el medio de comunicación, a fin de satisfacer las demandas de su mercado y sobrevivir como empresa, decide ignorar el resto del picnic, haciendo que su contenido primordialmente sea sobre papitas. Posteriormente darán un discurso sobre lo objetivos que son, y lo comprometidos que están con su trabajo de mantenernos informados… Piensa en cómo se traduce eso a ejemplos del mundo real, y podrás ver la Agenda detrás de los medios.

Pasando a los plátanos, en el caso de Patacoins la subjetividad se manifiesta desde el momento en que decidimos qué vale la pena reseñar y qué no, tomando en cuenta qué cosas tenemos tiempo de ver, leer, o jugar, y qué cosas simplemente nos dan flojera. Por ejemplo, cuando salió Pixels de Adam Sandler, no le dedicamos ni un post en Facebook porque había cosas más importantes que hacer, como… memes… y… cosas…

Pero lo más interesante ocurre a la hora de una crítica. Desde hace casi un año seguimos al canal de YouTube DanteKnowsNot, en donde nuestro amigo Dante también hace reseñas, principalmente de películas y series, pero también uno que otro videojuego. Casi siempre tenemos opiniones similares, pero hace poco tuvimos opiniones radicalmente diferentes. Ghostbusters nos provocó muchas carcajadas, pero a Dante ni una sola. Y mientras Dante quedó fascinado con Warcraft, a nosotros nos resultó poco interesante. El resultado fue épico:
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­Dante­
Si una persona se ríe a carcajadas con un chiste, y a otra no le saca ni una sonrisa, ¿cómo vas a meter la objetividad en eso? Un chiste funciona no porque esté bien o mal escrito en un guion, sino porque escarba profundamente en nuestra subjetividad, y si resuena con alguna de tus vivencias como ser humano, algún cosquilleo ha de provocar. Pero cuidadito si vas a una reunión de Alcohólicos Anónimos a contar chistes de borrachos… ya lo intenté y no se rieron… ¡no me esperaba un público tan sobrio!… jejeje… ¿no?…

El caso es que sí, una crítica debe apegarse a cubrir las cuestiones técnicas y desprenderse de la subjetividad en la medida de lo posible, pero hay cosas que no se pueden medir usando la objetividad. Cuando decimos que algo es gracioso, o escalofriante, o conmovedor, ¿cómo decirlo, si no como sujetos? Evitemos también reducir las críticas a silogismos simplistas como «si eres fan te gusta, y si no, no», porque las variables usualmente son mucho más profundas que eso. No dejemos que el fanatismo o gusto personal por algo nos impida ver si está bien o mal hecho. A mí me gusta One Piece, pero el ritmo de algunas de sus sagas es fatal. Y no me gusta Adam Sandler, pero tiene una película muy buena llamada Punch-Drunk Love, a la que le doy todos mis Patacoins.

¿Objetividad contra subjetividad? No existe tal pelea, una cosa está adentro de la otra.

¡Nos leemos pronto!

¡Únete a la discusión!

Guion y Redacción

Comunicador y educador. Come libros y escupe cuentos. Apasionado por la literatura, filosofía, psicología, y… One Piece. Amante a morir de los RPG de 16 bit y el heavy metal japonés. Por un lado es otaku, y por el otro escucha a Joaquín Sabina.

abraham@patacoinstv.com